PREGUNTAS FRECUENTES

Lo primero que se realiza es una reunión entre el musicoterapeuta y la persona interesada. Ésta explicará la motivación que le ha llevado a interesarse por la Musicoterapia, describirá sus intereses y gustos musicales y aportará información relevante para la intervención, como la relativa al estado de salud. Por supuesto, toda esa información está bajo el más estricto secreto profesional.

El musicoterapeuta informará a la persona sobre cómo podría ayudarle la Musicoterapia y resolverá cualquier duda. Cuando la persona interesada decide comenzar la terapia, se acuerdan conjuntamente la regularidad y el horario de las sesiones. Lo más habitual son sesiones semanales de una duración de 45-60 minutos. En algunos casos el beneficiario prefiere realizar dos sesiones por semana, o sesiones más largas con una frecuencia quincenal. Esto depende de las características del beneficiario (adulto o niño, posibles problemas de salud) así como sus preferencias a nivel de horarios.

Las primeras cuatro sesiones serán de evaluación. Para el musicoterapeuta las sesiones de evaluación sirven para descubrir de qué modo la persona se relaciona con la música y a través de ella, qué actividades o técnicas le resultan más motivadoras y cuáles son los aspectos de su salud global que podrían mejorarse a través de la Musicoterapia. Si la situación lo requiere, el musicoterapeuta se pondrá en contacto con otros profesionales que trabajan con la persona para intercambiar información y trabajar coordinadamente.

Tras el período de evaluación el beneficiario (y sus padres u otros familiares en algunos casos) sabrán con certeza si la Musicoterapia es realmente la terapia que están buscando y si existe una buena conexión con el musicoterapeuta. Si se decide continuar con el proceso, el beneficiario (o su familia) ayudará al terapeuta a trazar unos objetivos factibles y relevantes que repercutan en una mejora de su salud y calidad de vida. A partir de este momento, el musicoterapeuta planificará la intervención a través de un registro minucioso sesión tras sesión y una evaluación continua de los objetivos planteados, informando a el beneficiario o su familia regularmente sobre la evolución del proceso.

Seguramente cuesta menos de lo que crees. Afortunadamente nuestra sociedad está cambiando, y cada vez son más las personas que prefieren invertir en salud, bienestar y felicidad antes que en bienes materiales. Piensa en lo que cuestan algunos de los servicios más habituales de la vida diaria: salir a cenar, coger un taxi, hacerse un corte de pelo, la factura del teléfono y de internet.... Muchos de estos servicios, aunque necesarios, no mejoran significativamente tu vida, y muchos de ellos duran sólo unos minutos. En Musicoterapia, lo importante no es sólo lo divertida, emocionante, reveladora o provechosa que sea la sesión, sino los efectos que produce en la persona, transformándola positivamente poco a poco y mejorando su vida significativamente.

En SOMArmonía encontrarás una relación franca y directa con el musicoterapeuta, sin ningún tipo de intermediarios. De esta forma podemos ofrecerte una información clara y honesta, un trato cercano y humano y una intervención adaptada tus necesidades, para que disfrutes del servicio especializado en Musicoterapia con la mejor relación calidad-precio que puedes encontrar, y que incluye:

 

  • Selección y preparación de los instrumentos musicales u otros materiales necesarios para cada sesión. Recogida e higienización de los instrumentos tras la sesión.
  • Documentación y preparación de material musical: búsqueda y adquisición de material musical y ensayo de canciones relevantes para el proceso.
  • Registro de lo acontecido en cada sesión y evaluación continua de la evolución de la persona. El registro puede ser también audio-visual, si el beneficiario o sus padres en el caso de niños así lo desean.
  • Trabajo multidisciplinario con otros profesionales que pudieran estar trabajando con el beneficiario (profesores, logopedas, terapeutas ocupacionales...) llevado a caba a través de reuniones y comunicación regular.
  • Informes regulares sobre el desarrollo del proceso terapéutico y la evolución del beneficiario.

El mínimo de sesiones recomendado para que los efectos de la Musicoterapia comiencen a ser patentes está alrededor de 12. Esto puede ser suficiente para mejorar la sintomatología de ciertos problemas puntuales. También es un número apropiado de sesiones para realizar un proceso profundo de crecimiento personal.

Sin embargo muchas personas, una vez han comenzado a a disfrutar de los beneficios de la musicoterapia, prefieren ampliar el número de sesiones y profundizar más en el proceso.

Hay otros casos en los que se recurre a la Musicoterapia durante años o incluso toda la vida, pues mejora la calidad del día a día de personas con diversidad funcional o enfermedades o trastornos crónicos.

Como puedes ver, depende mucho de cada caso. En función de las necesidades de cada persona será ésta (o sus padres en el caso de niños) la que, asesorada por el musicoterapeuta, decida cuánto va a durar la intervención.

Un musicoterapeuta ha de tener la creatividad de un músico, la sensibilidad de un terapeuta y el rigor de un científico. Ha de ser paciente, empático, y debe tener una gran habilidad para leer el lenguaje no verbal. Por supuesto, ha de disfrutar ayudando a las personas y debe amar la música y tener la habilidad de conectar a través de ella con los demás. Ha de ser capaz de improvisar, no sólo musicalmente hablando, sino también en el sentido de poder reaccionar y adaptarse con el fin de sacar el máximo provecho terapéutico de cualquier cualquier situación, incluso imprevista.

El trabajo de un musicoterapeuta, como el de cualquier otro profesional de la salud, ha de estar regido por la ética y la humanidad. Ha de saber acoger, aceptar, contener, comprender y acompañar en el proceso terapéutico a cualquier persona, sean cuales sean las dificultades que tiene.

Durante las sesiones los musicoterapeutas realizan multitud de actividades diferentes, como cantar, bailar o tocar diferentes instrumentos, siempre de una forma metodológica y en función de las necesidades de cada persona. Pero aparte de la intervención propiamente dicha, un musicoterapeuta realiza labores de evaluación, de registro de datos, y de planificación de objetivos, lo  que permite evaluar los cambios y y realizar las adaptaciones oportunas sesión tras sesión, de forma que la intervención sea lo más rigurosa y beneficiosa para la persona posible.

La Musicoterapia y la educación musical se diferencian en muchas cosas, aunque ambas utilicen la música. Para empezar, en educación musical se dan clases, y la música es la materia a impartir. En Musicoterapia se hacen sesiones, y la música es el medio de comunicación y expresión.La educación musical tiene unos objetivos didácticos y educativos. Es decir, pretende que la persona aprenda conceptos teóricos o habilidades prácticas musicales siguiendo un programa concreto.

Por el contrario, la Musicoterapia no tiene objetivos educativos sino terapéuticos y no se pretende que se aprendan conceptos musicales ni a tocar ningún instrumento. Eso no significa que en Musicoterapia no se adquieran aprendizajes significativos (todo lo que hacemos en la vida es producto del aprendizaje), pero estos tienen que ver con el autoconocimiento, la inteligencia emocional, las habilidades sociales y comunicativas, el control psico-motriz...

Es decir, en Musicoterapia el objetivo es mejorar la salud de la persona a través de un proceso metodológico pero individualizado y personalizado que depende de las necesidades, capacidades, gustos musicales, motivaciones e intereses de cada uno.

Nada. Personas de cualquier edad y condición física pueden beneficiarse de la Musicoterapia. Para participar en un proceso musicoterapéutico no hace falta tener ningún conocimiento sobre música.

Lo único que necesitas son ganas de disfrutar y mejorar tu salud y tu calidad de vida y la de los tuyos a través de la música.

Muchas personas creen que la Musicoterapia consiste únicamente en escuchar canciones que nos relajen, y que estas canciones suelen ser del género clásico. En realidad, la escucha de canciones grabadas puede tener objetivos muy diversos (activación física, acompañamiento para la expresión corporal o plástica de sentimientos, relajación, visualización, trabajo de la memoria o las emociones a través de la reflexión sobre la letra...). Y la música que se escucha no siempre es clásica, sino que es aquella que tiene relevancia y significado para la persona que participa en la sesión.

Imagínate que fueras a un psicólogo y este te hablara en un idioma que no conoces. La psicoterapia no serviría de nada, ¿verdad? Con la música ocurre algo parecido. Todos tenemos una identidad sonora y una biografía musical propia y única, y es por eso que la música utilizada es aquella que tiene que ver con los gustos y la vida del beneficiari@, pues es la que le llegará, la que armonizará con él, le motivará y moverá sus emociones.

Hay que resaltar que la escucha de canciones es sólo una de las muchas técnicas que se pueden utilizar en Musicoterapia. Muchas veces se utiliza la improvisación instrumental o la composición de canciones. En estos casos, no se busca crear una música estética o “bella” (lo cual es bastante subjetivo), sino que se pretende utilizar todos los elementos de la música (sonido, silencio, melodía, armonía, ritmo, movimiento) como medio de expresión, comunicación y canalización de emociones. La música no es el fin, sino un medio de trabajo terapéutico.

Por ello, en función de la persona y la situación físico-emocional en la que se encuentre en cada momento las producciones sonoras pueden ser desde las armonías más bellas a las disonancias más ruidosas.

Todo el mundo. El abanico de técnicas que ofrece la Musicoterapia es tan amplio que absolutamente todo el mundo puede beneficiarse de ella, sin importar las capacidades motrices, cognitivas, sensoriales o comunicativas que la persona tenga.

Muchos se preguntan si se puede participar en Musicoterapia cuando las capacidades auditivas están mermadas, y la respuesta es sí. Las personas de la Comunidad Sorda pueden beneficiarse de esta terapia puesto que, aunque no oigan, pueden percibir las vibraciones de instrumentos graves.

Además, la musicoterapia involucra todo el lenguaje no verbal y todos los aspectos de la música (baile, juego, ritmo, expresión corporal) además del sonido. También personas con poca o ninguna movilidad también pueden participar en Musicoterapia. Ésta incluso se utiliza para mejorar la vida de personas en coma y sus familiares.

De acuerdo con la Federación Mundial de Musicoterapia, la investigación, la práctica, la educación y la formación clínica en Musicoterapia se basan en los estándares profesionales acordes a los contextos culturales, sociales y políticos. Por desgracia, y a diferencia de multitud de países, en España la Musicoterapia no está reconocida legalmente como profesión. Esto da lugar a la mala praxis y el intrusismo, y crea confusión entre el público sobre quién puede ejercer la Musicoterapia. No cualquier persona con formación en música y disciplinas de la salud puede hacer Musicoterapia.

Los efectos beneficiosos de la música son conocidos desde tiempos prehistóricos, y en realidad cualquier profesional de la salud o la educación puede utilizar la música en su trabajo. Pero eso no es Musicoterapia, pues esta esta es una disciplina de la salud con entidad propia y su aplicación, que se basa en un proceso metodológico basado en el vínculo persona-terapeuta, requiere de una formación específica.

El requisito mínimo para poder ejercer la profesión de musicoterapeuta en España es haber cursado una formación de Postgrado de un mínimo de 60 ECTS y que incluya un programa de prácticas supervisadas y un proceso didáctico-terapéutico personal (“self-experience”).

Además de esto, es muy recomendable para cualquier musicoterapeuta tener una especialización en alguno de los cinco modelos reconocidos por la Federación Mundial de Musicoterapia, mantener sus conocimientos actualizados, y seguir procesos de supervisión regularmente. Si estás pensando en recurrir a los servicios de un musicoterapeuta, asegúrate de que está debidamente cualificado.

Aunque tanto la estimulación musical precoz como la Musicoterapia utilizan actividades y experiencias musicales como herramienta de intervención, no son lo mismo. La diferencia fundamental la encontramos en los objetivos.

Mientras que la estimulación musical precoz tiene como objetivo crear unas condiciones físicas, metales y emotivas en el niño muy favorables para el aprendizaje de la música, la Musicoterapia pretende ayudar al desarrollo integral de la persona en todos sus vertientes: física, mental, emocional, social y espiritual.